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lunes, mayo 24, 2010

Causas y consecuencias de la violencia doméstica y de género

Entender las causas y consecuencias de la violencia doméstica y de género en una sociedad como la que nos encontramos en la actualidad, patriarcal y con un alto grado de tolerancia del ejercicio de la violencia como solución a las problemáticas surgidas en su seno, no está exenta de dificultad.

Si bien en los últimos años se ha conseguido una cierta concienciación social sobre la no culpabilización de la víctima en los actos de violencia de género y doméstica, todavía existe un gran desconocimiento sobre las causas que la generan o los efectos que pueden manifestarse sobre la salud física o psicológica. En muchos casos, esta falta de conocimiento se ha visto sustituido por mitos del imaginario popular, ampliamente dañinos para la ayuda a las víctimas y el análisis de un problema tan complejo.

Partiendo del punto de que, en la actualidad, la mayor parte de la sociedad ha situado a víctima y maltratador/a, en sus correspondientes lugares, todavía tenemos como asignatura pendiente dar un segundo paso: entender que abandonar una situación de malos tratos continuados no es una tarea tan sencilla como pueda parecer a simple vista. Es necesario advertir que la violencia doméstica y de género, no es una situación que se produzca de manera fortuita, ni aislada, sin causas ni consecuencias. Por consiguiente, no basta con el deseo de la persona de no ser maltratada o la voluntad de escapar de ella. Al paso dado por la sociedad de deslegitimar este tipo de violencia, se ha de sumar la compresión a la pregunta que nos hacemos cuando apoyamos a una persona y sin embargo, no es capaz de liberarse de esta situación, esto es, ¿por qué se soportan los malostratos?. Este es un punto de inflexión para reflexionar sobre las causas que la producen y como afectan a la capacidad de respuesta de quien la sufre.

En general la violencia ha sido legitimada por nuestra sociedad como respuesta a la resolución de ciertos conflictos. Dependiendo de las generaciones, en mayor o menor medida, se nos ha socializado con valores de permisividad hacia ella, como por ejemplo, su utilización dentro del seno de una familia claramente jerarquizada.

Además la cultura, de manera contundente en ocasiones y otras de forma más sibilina, ha dejado claro cual es el espacio que deben ocupar las mujeres y los hombres, situándolos dentro de los roles de masculinidad y feminidad. Cual es el lugar que ocupa dentro de la jerarquía cada uno y la autorización de utilizar métodos violentos para imponerse y relacionarse, dependiendo del escalafón que ocupemos dentro de esa jerarquía.

Aquí nacen algunas de las causas más significativas que desencadenan la violencia de género y doméstica. Jerarquización de sexos y miembros de la familia y legitimidad para utilizar la violencia.

El origen cultural de las causas, se ha visto reforzado durante años por las instituciones que nos representan o sustentan nuestro sistema social y en las que incluso todavía a día de hoy, se continúan utilizando patrones autoritarios y sexistas. Instituciones como las religiosas, educativas, la justicia o los medios de comunicación.

Sobre esta última, los medios, a nadie se nos escapa como inclusive en los últimos años hemos asistido a una ofensiva de utilización de la violencia (verbal, física, etc..) o el sexismo para generar audiencia. Talk shows, reality shows o programas de prensa rosa se han afirmado como programas de máxima audiencia aplaudiendo y fomentando conductas violentas y sexistas.

Todos estos comportamientos, culturales e institucionales, van sumando a las variables de cada individuo el aprendizaje de la desvalorización de los roles asignados a las mujeres y el de la resolución de diferencias de manera violenta.

Instituciones como la escuela, con el salto a la opinión pública de los casos por bullying, también nos dan una muestra de su ineficacia para frenar la violencia, y transmitir unos valores que comprendan; la autoestima, la asertividad, el respeto mutuo o los recursos para exponer nuestras emociones. En los casos de violencia de género y doméstica que observamos en nuestro entorno se pueden perfilar, que esta falta de valores y habilidades, serán parte de los desencadenantes de la violencia. Junto a estas carencias, encontramos en los agresores a hombres con una acentuada ideología patriarcal, con modelos tradicionales hombre-mujer muy marcados, que no le permiten una flexibilidad en sus relaciones de pareja o familiares. Este encorsetamiento en su rol le genera, además, un aislamiento emocional, es decir, no se permite expresar sus sentimientos o frustraciones y va creándose una tensión emocional. Esa tensión va siendo aumentada por la inflexibilidad en los roles, que no le permite tolerar, ni tolerase el incumplimiento de los mismos.

En algunos casos hombres y mujeres que han sufrido maltrato, a diferentes escalas, durante su infancia, han aprendido que la solución a las desavenencias es el uso de la fuerza. Esto ha contribuido, por tanto, a tener una baja autoestima y a reaccionar de manera violenta ante los acontecimientos conflictivos o con alta tolerancia al maltrato, según el caso.

Como señalábamos anteriormente, la cultura y las instituciones en la que se desarrolla la socialización de cada persona tiene un gran peso específico y una gran responsabilidad como modelo causante de la violencia doméstica y de género. Por eso, podemos comprobar que la educación que recibimos no fomenta las relaciones reciprocas, el reconocimiento de la autonomía de lo otra persona y el entendimiento de una relación como una sucesión de acuerdos entre personas libres. Al contrario, fomentan las relaciones asimétricas, que pondrán después a las mujeres en posición de víctimas y a los hombres en la de agresores.

Esa socialización que señala a la mujer la necesidad de ser una eterna cuidadora y una auténtica especialista en relaciones humanas, termina marcando muchas de las causas por las que la mujer soportará la violencia de género. La convicción de que no debe vivir para sí misma, sino para los demás, porque de lo contrario sería una mala esposa, madre e incluso mujer, le lleva en muchos casos a “sacrificarse”. Bajo este prisma, las mujeres aceptan mitos como el amor romántico o que aguantar este tipo de situaciones es mejor para sus hijos/as, que privarles de una vida junto a un padre.

A este conjunto de situaciones a priori como la aceptación del papel de cuidadoras, guardianas de la familia y el matrimonio, la subordinación al sexo masculino, el maltrato sufrido durante la infancia o la desigualdad económica, se van sumando los sentimientos de culpa por no ejercer “adecuadamente” su rol.

Apuntar que estas creencias iniciales, añadidas a los sentimientos de culpa se están desarrollando dentro de un marco de violencia, con todas las consecuencias que conllevan y que repercuten de forma circular sobre las causas por las que se soportan los malostratos, generando causas nuevas.

Entramos aquí en las consecuencias que estos malostratos producen, empezando por algunas, que no por evidentes son visualizadas habitualmente. Es el caso de la dificultad de abandonar la situación de violencia, e incluso de reconocerla como tal.

Cuando observamos en nuestra cotidianidad una situación de violencia, no somos conscientes de la dificultad de la persona que la sufre, para poder abandonar esa espiral violenta. No alcanzamos a percibir el debilitamiento psicológico por la sucesión reiterada de los ciclos violentos o dependencias como la económica.

Conocer en estos casos los procesos patológicos de adaptación de la mujer maltratada como la indefensión aprendida, la pérdida de control o la baja respuesta conceptual, son claves para comprender algunas de las graves consecuencias que ha producido en la psicología de la persona los episodios de violencia continuada y como ha afectado esto a su capacidad de defensa y respuesta.

Desde los capítulos más drásticos de utilización de la fuerza física para infringir violencia o abusos sexuales, a los más sutiles desarrollados a través de la violencia psicológica mediante la intimidación, el insultos, las amenazas o la triangulación, todo forma parte de un ciclo de acumulación de tensión, explosión de la violencia y luna de miel, que genera en las víctimas estados de confusión, depresiones, disociación, aislamiento, resentimiento de la salud física y auténticos cuadros psiquiátricos graves que pueden manifestarse en su punto más álgido en el suicidio o en el intento de llevarlo a cabo.

Ante la complejidad del fenómeno, debido en parte, a lo arraigado de los orígenes de las causas que lo propician en nuestra sociedad, debemos partir de una base de conocimiento y reflexión para comprender la magnitud del trauma personal y la tragedia humana que supone, sin entrar en planteamientos simplistas.

El Informe Mundial sobre Violencia Salud de la OMS en 2002 señalaba que: “la violencia de género es la primera causa de pérdida de vida entre las mujeres de 15 a 44 años, por encima de las guerras, los accidentes de tráfico o los distintos tipos de cáncer”. Este dato nos puede dar una visión de la dimensión de un problema, que tiene en la cultura patriarcal una de sus principales causas. Entender la necesidad que tenemos como sociedad de revisar patrones culturales como el androcentrismo, los roles de masculinidad y feminidad, las formas autoritarias de relacionarnos con los/as demás o los modelos de resolución de los conflictos con violencia, es entender la necesidad de una sociedad que vaya disminuyendo cada vez más los actos de violencias incipientes, y especialmente los de violencias tan graves, tanto por su número, como por su efecto, como la violencia doméstica y de género.

Vislumbramos de esta forma que si la mayoría de los hombres que maltratan no sufren patologías, quizás sea la sociedad la que esté enferma y necesite un cambio.

Zara

16 comentarios:

Anónimo dijo...

en efecto es una problemática díficil de abordar y sobre todo de encontrar una solución.
me parecio muy completo tu análisis.

siento la necesidad de expresar lo que pienso, por el hecho de que estuve en esa situación. hoy que lo veo de lejos no entiendo como pude soportarlo. y mucho menos como es que sali de algo asi tan bien librada.

es difícil, y dada mi experiencia no le encuentro solución. siempre estuve consciente de que esa situación no era aceptable.
me aleje porque simplemente un dia no mire atras, no pense mucho tampoco en las "consecuencias", no me detuvo nada, ni súplicas, ni lagrimas, ni insultos. y simplemente sali de esta situación tan denigrante.

no hubo alguna motivación en especial.
lo que me ayudo fue una sensación de vacío, porque ya ni dignidad tenía, es decir, tocas fondo como ser humano. y después de algo asi, creo que solo hay dos salidas, el desaparecer (suicidio). o partir de cero y empezar a construir de nuevo al ser humano que solía ser esa persona (dificilisimo, claro esta).

temo decir que una persona que se encuentra en esa situación es muy difícil (o imposible) ayudarla a que salga de eso. en serio, solo depende de la persona.es triste pero es verdad.

pero si creo que la solución para que no siga pasando esto esta en la sociedad y en el cambio que desde el nucleo más sensible de esta que es la familia se debe de dar.

me encata tu blog y lo que publicas.
todavía no termino el libro de simone, pero "ahi la llevo". (quiere decir que lenta, pero segura).

un gran abrazo y saludo desde méxico.
ajua.
jaja.
compermiso.

Anónimo dijo...

ay, yo y mis modismos mexicanos jaja.
excuse mua.

aaa y claro que me encantaria participar en ese taller online del libro. muchas gracias por invitarme.
mandare mis datos.

salutes.bye.

Expediente X dijo...

Serán los rayos del sol,
ultravioletas,
que buen artículo para
el curso de igualdad de
oportunidades,
un buen análisis,
echa un vistazo a la analítica
de la situación económico política
actual que hago en mi "Expediente X,tal vez un blog más...".
Lo mío no es un análisis tan profundo eh jeje!!!>_-

Saludos de Javi.

Anónimo dijo...

claro que es la sociedad la que está enferma. No hay que ponerlo en duda. Una sociedad sana, no permitiria que la mujer, a traves del tiempo, hubiese sufrido y siga sufriendo semejante desprecio. Realmente, es un acoso moral el que se realiza con ella. Creemos que el problema esta en los que ejercen vilolencia verbal o fisica. El inmenso problema existe en los silenciosos, en los buenos maridos, en los buenos hombres, en esos, que despues todos dicen, pero si parecia tan bueno. Los que matan callando, El desprecio del hombre hacia la mujer es el mayor maltrato que se puede realizar, la anula, la despoja de toda su fuerza, la incapacita, y encima, nadie lo entiende, porque nadie ve nada que no sea lo normal, es decir, lo aceptado socialmente a lo largo del tiempo.En que se fijan los hombres cuando ven a las mujeres, ese es el perfil, eso es lo que les importa, lo otro, el conocerse, solo para parecer que les importa algo lo que piensas, pero a lo largo del tiempo, cuando se deteriora lo sexual, no queda nada entre la pareja. Lo tienen muy claro, y no quieren cambiar.

Enrique Carrera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enrique Carrera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enrique Carrera dijo...

A este respecto me gustaría hacer varias referencias:

1 - Como bien dices en el artículo, hay un componente cultural, heredado importante. Primeramente el desencadenado por las religiones monoteistas principales (yo prefiero llamarla la religion "judeocristianamusulmana", porque a pesar de todo, siguen siendo la misma religión). Para atajar esto había que establecer dos frentes en la escuela: primeramente y en la educación infantil y primaria, enseñar inteligencia emocional, clave para que los alumnos y alumnas aprendan a identificar y gestionar sus emociones; y en un segundo estadío, en la educación secundaria, enseñar pensamiento critico y racional. Las personas deben de pensar por si mismas y en torno a una base que no sea la tradición.

2 - En el caso de las mujeres maltratadas que no denuncian los casos y que ni tan siquiera ven un comportamiento anormal, hay un claro alto nivel de autoengaño, tal y como lo define Daniel Goleman en su libro "El punto ciego". Estas personas deberían, entre otras cosas, poder recibir el adecuado tratamiento psiquiátrico, tal y como se hace en casos de anorexia, por poner un ejemplo. Primero debe de reconocer que hay un problema y luego solucionarlo.

3 - Desde el punto de vista educativo habría que presentar a las mujeres como personas independientes, que deben de tener su propia independencia económica. Esto debe acarrear la igualdad de sueldos, como es obvio. Lo que no termino de entender es que aportan a este respecto normativas como la ley de paridad.

4 - En vez de crearse leyes que fomentan el enfrentamiento y que proponen a una de las partes como un delincuente solo por el mero echo de ser de un determiando sexo (si, me refiero a la ley de violencia de género), habría que establecer una ley que de verdad establezca las garantías judiciales, económicas y sociales necesarias para atajar el problema. Condenar a un hombre a un año de carcel por insultar a una mujer, mientras que si es al reves supone una multa de 50 € no ayuda a solucionar el problema. Lo agrava.

Espero no haberme extendido demasiado.

Un saludo.

Voluntad dijo...

Gracias a todas y todos por compartir vuestras opiniones y comentarios. En este sentido, quisiera hacer unas puntualizaciones sobre algunos de los puntos que señala Enrique sobre la Ley de protección integral contra la violencia de género.

Comparto contigo Enrique la necesidad de una escuela que además de los conocimientos científicos, sea un punto de referencia en la formación de valores como la resolución dialogada de los conflictos, la inteligencia emocional o cualquier otra materia que fomente la autoestima, el autoconocimiento. En definitiva, que genere personas equilibradas, reflexivas y tolerantes, en las que no quepa la violencia como forma de resolver un conflicto. Esto sería una buena base, pero no habría que olvidar, que la familia y la sociedad también son espacios donde se educa. En mi opinión, la familia actual en los países occidentales, tiene una asignatura pendiente; encajar un sistema más democrático de funcionamiento, pero sin perder la autoridad de los progenitores. Ambas cosas no son incompatibles y necesariamente tienen que caminar de la mano, si queremos retransmitir un modelo más igualitario. También debe fomentar con el ejemplo valores igualitarios en el reparto de responsabilidades.

Pero entrando en el tema de debate, la violencia de género, me llama la atención una reflexión muy recurrente y que casi podríamos decir que es un clásico cuando se habla de este tipo de violencia. Me refiero a describir la ley de la violencia de género, como una ley que genera el enfrentamiento, y las comparaciones, en mi opinión equivocadas, sobre los castigos penales de unos u otros tipos de violencia.
En primer lugar, reflexionar sobre el punto en que se habla de la ley de violencia de género, como una ley que genera enfrentamiento. En algunos casos como el que nos ocupa, creo que no es una cuestión de mala fé, pero quisiera poner de relieve que en todas las cuestiones que abordan problemáticas sobre las mujeres, se realizan deliberaciones que en ningún otro caso similar se plantean. La cultura que subyace en nuestra mente se encuentra muy enraizada. Que el autor/a de un delito debe ser juzgado/a y tener un castigo penal proporcional a su acción, es algo que creo estaremos de acuerdo. Por tanto, decir que una ley que pretende que se castigue un acto delictivo genera enfrentamiento, no es coherente. Podemos extrapolarlo a cualquier otro delito que no sea la violencia de género y veríamos lo absurdo que nos resulta. Por ejemplo, decir que exista una ley que permita que un robo con violencia se denuncie y se castigue, ¿es una ley que genera enfrentamiento?. ¿Por qué genera enfrentamiento?, ¿con quién?, ¿quién se enfada? Y ¿por qué se enfada?. Las respuestas son obvias.

Voluntad dijo...

Pasando al siguiente punto. Que para que un castigo sea justo y proporcional debe estar legislado, creo que también estaremos de acuerdo. A partir de aquí, hablamos de que las legislaciones impulsadas contra la violencia de género, son mandatos y recomendaciones de instituciones internacionales de alto prestigio como la CEDAW, las Convenciones sobre los Derechos Humanos de Naciones Unidas o la Organización Mundial de la Salud. La Organización Mundial de Salud dice en su Informe 2002 “la violencia de género es la primera causa de pérdida de vida entre las mujeres de 15 a 44 años, por encima de las guerras, los accidentes de tráfico o los distintos tipos de cáncer”. Partiendo de que reconocemos la existencia de la violencia de género y su gravedad cualitativa y cuantitativa, lo que establece la ley contra la violencia de género, NO es, por mucho que algunos/as se empeñen, que causar una lesión que menoscabe la integridad corporal o la salud física o mental de un hombre por parte de una mujer, tenga menos castigo penal que a la inversa. Lo que realmente establece la ley de violencia de género es que la violencia de género es un agravante, dentro de un delito ya establecido en el artículo 147 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Esta ley establece que existen agravantes dentro de cualquier tipo de agresión, y los establece en base a la posición de vulnerabilidad de la víctima o en la gravedad del comportamiento de quien comete el delito. Por tanto, no es una figura nueva, sin embargo, llama la atención que otro tipo de agravantes que no afectan en exclusiva a las mujeres, no sean tan contestados. Aclarar, por si fuera necesario, que la ley recoge como agravante la violencia de género, no el sexo de la persona. De nuevo hacemos una extrapolación con otro delito con agravante. Si una persona de raza negra sufre una agresión por su condición racial, se le aplica al autor/a del delito la condena por agresión con el agravante de racismo, si ha sido planificado se le aplicará además el agravante de alevosía, etc.. Sin embargo, a nadie se nos ocurre plantear por este motivo, que el que una persona negra agreda a una blanca es una condena menor que viceversa y que por tanto, es una desigualdad.

Sobre la ley de paridad, no sé a qué te refieres exactamente, si a la ley orgánica para la igualdad o a la composición equilibrada que se refleja en la ley. Si me lo aclaras lo hablamos.

Un saludo solidario a todas y todos y a disfrutar lo que queda de verano, al menos, para quienes os encontráis en esta parte del hemisferio.

Enrique Carrera dijo...

3 - Con respecto a la ley de paridad, me refiero a la obligatoriedad de que haya el mismo número de mujeres que de hombres en ciertos ámbitos. No termino de entender que aporta, porque la discriminación positiva, sigue siendo discriminación. Debería primar los méritos y el curriculum de la persona antes que su sexo (pudiendo incluso haber más mujeres que hombres en un consejo de dirección, por ejemplo). Si no es así, es un elemento cultural que hay que atacar. Si no se hace desde los elementos más profundos de nuestra cultura, no progresaremos. Esta ley camufla el problema, pero no lo soluciona. ¿No estaría bien que se buscasen soluciones reales?.

Recibe un cordial saludo.

Enrique Carrera dijo...

Por cierto, el informe que citas de la ONU incluye a países musulmanes que aplican la Sharia y otros países con constumbres también misóginas. Esto hace que las cifras sean espeluznantes a nivel mundial. Pero en estos países mucho sería si se lograse que se respetaran los derechos humanos básicos, incluso sobre niños y ancianos. La situación no creo que sea comparable a la Española.

Recibe un cordial saludo.

Voluntad dijo...

Hola Enrique, con respecto al primer punto que expones (3). La actual ley de igualdad habla de equilibrio entre los sexos. No determina que ninguno de los dos, necesariamente, ocupe una proporcionalidad. Es decir, se busca que exista una posición lo más cercana al equilibrio numérico, y que en cualquier caso ninguno de los dos sexos tenga una representación menor del 40 %, con lo cual, estaríamos hablando que se busca un equilibrio del 50/50, pero que en todo caso hombres o mujeres no pueden tener una representación menor del 40%. Bajo esta legislación, por tanto, podría darse el caso de que hubiera más mujeres dentro de un Consejo de Dirección. Sería interesante pensar, porque ante estos porcentajes, todo el mundo pensamos automáticamente que serían las mujeres quienes ocuparan el 40 %. Y digo que sería curioso por dos motivos:

-El primero, porque nos daríamos cuenta del mecanismo con el que funciona nuestra mente con respecto a las posiciones hombre/mujer.
-El segundo, porque notaríamos la persistencia de ese pensamiento, a pesar de que estamos cansadas/os de ver estadísticas en España, que reflejan el hecho de que las mujeres son un mayor porcentaje en las Universidades, obtienen mejores notas y tienen una tendencia menor a repetir curso. El último publicado, por cierto, hace escasamente un mes por la Universidad Complutense.
- Dadas estas estadística, también sería importante reflexionar por qué se escuchan auténticas barbaridades sobre la puesta en cuestión de la capacidad de las mujeres que van a ocupar ese porcentaje y nunca nadie se ha cuestionado la de los hombres que serían colocados en el otro lado del porcentaje. Cuando menos, curioso.

Con estos datos, qué más quisiéramos las mujeres que primaran los méritos y el curriculum a la hora de las selecciones laborales. De hecho , las estadísticas también en España, reflejan que cuando la selección se realiza con métodos objetivos, las mujeres incrementan su presencia, mientras que con los subjetivos, se produce el efecto contrario. No es difícil imaginar por qué.

Voluntad dijo...

Que el mundo fuera justo, igualitario y bondadoso, sería lo deseable, pero los Estados han creado legislaciones y medidas correctivas, porque el mundo por sí mismo no lo es. Hay mucho de inocencia en el pensamiento de que no haciendo nada, las desigualdades desaparecerán por sí mismas, simplemente porque no son justas. Pero para que las cosas cambien hay que tomar medidas. Las medidas de discriminación positiva, nacen por los años 70 en Estados Unidos y ni siquiera se crean con motivo de empoderar a las mujeres. El motivo por el que aparecen es la fuerte discriminación laboral de la población afroamericana y la incapacidad de revertir esta situación sin ningún tipo de intervención. Hace años que las leyes igualan en derechos a afroamericanos/as, pero la inercia cultural les sigue discriminando en muchos sectores de su vida, especialmente en el laboral. No son seleccionados, y cuando esto se produce no obtienen una presencia proporcional en los órganos de dirección o puestos de envergadura. La respuesta fue la generación de una medida de choque, porque apelar al curriculum y la buena fé de las personas, ha sido comprobado durante décadas que no funciona. Pocas personas abandonan una situación de privilegio por voluntad propia. La discriminación positiva es una medida correctiva y por tanto, temporal. Persiste mientras persiste la desigualdad. Exclusivamente.

La discriminación positiva pertenece a las medidas prácticas. Todo plan para abordar una situación problemática tiene que contar con medidas prácticas y medidas estratégicas. Las primeras intentan paliar el problema, mientras se toman medidas de carácter a más largo plazo, como en este caso sería la coeducación. Unas son tan necesarias como las otras. Las últimas porque si no se llevan a cabo no iremos a solucionar la raíz del problema, y las primeras, porque no podemos esperar de brazos cruzados a que todo el mundo cambie, para cambiar una parte del mundo.

Esta ley está fundamentada, por ejemplo, en un artículo de la Constitución española 9.2 “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” Porque generar mecanismos de superación de una desigualdad, no puede calificarse como desigualdad. De hecho los servicios sociales están basados en este principio corrector. Por ejemplo, que el Estado español o las Comunidades Autónomas convoque ayudas para material escolar. Cuando desarrolle los baremos para conseguir la ayuda, ¿diremos que conceder la ayuda a una familia con menor capacidad económica y por tanto, en una situación de desigualdad respecto a las familias con un poder adquisitivo más fuerte, es generar una medida de discriminación positiva que genera desigualdad?. Esta ley, también está fundamentada en tratados y directivas europeas, por no nombrar a otros organismos internacionales, para que no me diga que incluye países musulmanes no comparables.

Sobre este tema, el de los países musulmanes, hay mucha tela que cortar. Si bien coincido, como no puede ser de otra forma, en combatir la misoginia que en ellos se produce, lo que siempre me suele llamar la atención es como somos capaces de ver claramente el machismo en las culturas ajenas y exigir medidas. Sin embargo, en nuestra cultura las desigualdades no sólo nos pasan desapercibidas, sino que cuestionamos incluso su propia existencia.

Un saludo solidario.

eli dijo...

Hola!
Su trabajo me pareció interesante, y además me ayuda para mi examen profesional, el cual haré en unos días, y es precisamente el tema de la violencia hacia la mujer. Otro punto interesante fue el debate que sostuvo con "voluntad". por lo que me atrevo hacer una pregunta; ¿la drogadicción y el alcoholismo, son causas?, o como se pueden manejar estas características que no son propias de violencia. Le agradecería su atinado comentario...

Gracias

eli dijo...

Hola!
Su trabajo me pareció interesante, y además me ayuda para mi examen profesional, el cual haré en unos días, y es precisamente el tema de la violencia hacia la mujer. Otro punto interesante fue el debate que sostuvo con "voluntad". por lo que me atrevo hacer una pregunta; ¿la drogadicción y el alcoholismo, son causas?, o como se pueden manejar estas características que no son propias de violencia. Le agradecería su atinado comentario...

Gracias

Anónimo dijo...

Siempre se habla de violencia de genero en el ambito de la pareja, pero yo acabo de ser victima de dicha violencia en el ambito de la familia de origen, pues es mi propio hermano quien me ha agredido, golpeandome y estrangulandome ante la presencia de mi madre, con quien mantiene una relacion enfermiza de dependencia mutua.La esquizofrenia de dicho hermano la conocemos el resto de hermanos, y solo él y mi madre son incapaces de reconocerlo.
Como consecuencia de tal agresión estoy escayolada y después de tramitar la denuncia correspondiente,hasta mi propia madre me ha dado la espalda,para proteger a su hijo, alegando que yo le provoqué y minimizando los hechos ( paliza y estrangulamiento).El resto de mis hermanos me apoyan en la denuncia,pues conocen bien la problemática familiar, pero me temo que no habrá juicio, pues mi madre no se presentará como testigo, y creo que el agresor tampoco se presentará.
Cómo se resuelven estos casos, si no hay juicio? todo quedara archivado ?