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lunes, abril 30, 2007

ANTÓN Y YO

Amigas, amigos. Inspirada por Juan Ramón Jiménez y aquel Platero y yo, aprovechando que casi va a hacer dos años que Antón y yo decidimos de mutuo acuerdo compartir nuestras vidas, ahí va un remake de éxito en su momento. Diculpen que la criatura no les muestre su cara, pero dice que el pasamontañas es de serie y que el también es zapatista...


Desde que Antón vino a vivir conmigo, he ido descubriendo sus actitudes para el arte en toda su amplitud. Lo primero que hizo Antón al llegar a casa, fue sin duda dar una clase magistral de buen gusto al escoger entre toda la bolsa de la ropa sucia mis dos camisas favoritas. Con la primera mostró sus cualidades para las artes plásticas y transformó un simple suelo de terraza en un una composición abstracta digna de exponerse en el Guggenheim. Pero él, no es artista que se estanque en un solo campo, no, y con la segunda camisa decidió enseñarnos sus dotes como estilista y diseñador de alta costura. Ahora pienso que si hubiera comprendido el mensaje que me enviaba cuando convirtió la segunda camisa en un chaleco, quizás ahora estaría a la vanguardia de la pret a porté verano-otoño y me estaríais viendo en la pasarela Cibeles forrándome a costa del can en cuestión. Sin embargo, no supe entender su obra, y quizás esa incomprensión, desencadenó la tragedia. Antón como los románticos del siglo XIX llevó a cabo un intento de suicidio que materializó saltando al vacío.
Cuando nos quedamos a solas en la clínica veterinaria le expliqué que entendía que vivir conmigo era algo complicado, que hombre, una tiene sus cosas, pero me parecía realmente excesivo saltar desde un quinto piso sólo a una semana y media de su llegada y que estas cosas se hablan antes de llegar a estos extremos. Sin duda nos hacía falta comunicación. La vuelta a casa fue muy propicia para recuperar nuestra confianza mutua y como dicen que del odio al amor sólo hay un paso Antón es la prueba viviente de que esto sucede, y él lo dio. De igual manera que decidió un día tirarse por una ventana para no soportarme, otro día posterior, preso del amor canino, sufrió un ataque de ansiedad ante mi prolongada ausencia del hogar y decidió que si yo no llegaba, él presto y determinado iría a mi encuentro. Fue así como el marco de la puerta de la calle dejó de existir. En realidad, nunca sabremos si fue esto, o que una vez más su instinto artístico sacó el decorador de interiores que hay dentro de él y le sugirió que el marco no terminaba de combinar de manera adecuada con los suaves tonos de la pared, y claro, esa ímpetu del artista, ya se sabe...no lo veía vamos. Y la verdad lo que somos las personas, en vez de agradecer que alguien me dijera que ese marco no podía seguir así, la que sufrió el ataque de ansiedad fui yo al abrir la puerta y ver trozos de madera y yeso esparcidos por el suelo del pasillo temiéndome tener que realizar una reforma completa al piso, o huir del país cuando el casero lo descubriera. Como no queríamos que nuestra relación sufriera otro revés por la incomunicación, nos miramos a los ojos; él desde abajo y yo desde arriba y decidimos que si nuestra relación nos iba a provocar tanta ansiedad, lo mejor era que nos separáramos. Decidimos entonces repartirnos nuestro bienes: para él la terraza, para mi el piso. Pero ya se sabe que al amor no hay muros que lo contenga y Antón se pasaba todo el día mirándome por la cristalera del comedor. Sentía algo dentro de si mismo que le removía por dentro. Como es bien sabido el amor y la distancia inspira a los poetas, y este poeta del amor fue inspirado nuevamente, esta vez, por la decoración de exteriores. Entonces, una tarde como hoy, empezó a cambiar las jardineras de lugar, eso si, sin estropear las plantas.
Puedo comprender que si yo me quedo con el piso y él con la terraza, lo justo es que la decore a su antojo, sin embargo, nunca comprendí el sentido de esta nueva colocación en el lado opuesto de la terraza, tal vez, que el aroma de las azaleas llegara hasta mi ventana. Porque Antón en el fondo es un sentimental. De todas formas, he pensado que los artistas son unos incomprendidos en su época, y esto que yo no entiendo hoy, mañana puede que sea el máximo exponente en arte del siglo XXI. Esta vez lo tendré en cuenta.


PD: Que sirva esta entrada para reeivindicar los derechos de los animales y agradecer a Antón que me haya aguantado hasta ahora. Por supuesto a los pocos días volvío a ser el dueño de la casa y de la terraza...Ay si esta criatura hablara....

3 comentarios:

Expediente X dijo...

"El Expediente X de Antón"

Si hay un artista ese es Antón,
no sin razón,
tal vez no le entendamos,
y su obra no la veamos.
Antón, artista afortunado,
que tiene su inspiración a su lado,
continua tu labor,
poniendo eso que tu sabes, amor.

Voluntad dijo...

Pero bueno veo que estoy rodeada de artistas y que el día del trabajador/a te ha inspirado. Nada, nada a seguir así...

El Duende dijo...

Es lo que tenemos los artistas, que somos a veces unos incomprendidos... De todas formas un reconocimiento a Antón por aguantar esos desahogos que seguramente habrá necesitado voluntad más de una noche... Ay!! quién tuviera un Antón en su vida.