Publicidad cabecera

domingo, octubre 07, 2018

EL BARRO

Por lo general, los animales son tristes. Y cuando un hombre está muy triste, no porque tenga dolor de muelas o haya perdido dinero, sino porque alguna vez por un momento se de cuenta de cómo es todo, cómo es la vida entera y está justamente triste, entonces se parece siempre un poco a un animal; entonces tiene un aspecto de tristeza, pero es más justo y más hermoso que nunca. Así es, y ese aspecto tenías, lobo estepario, cuando te vi por primera vez. Hermann Hesse.

Hacer algo que no quieres hacer, aunque sea la cosa más maravillosa del mundo, pero que no integra tu ser, es como transitar por un camino de barro. Puedes tratar de convencerte a ti misma de que es lo mejor, que puede salir bien, que en el fondo quieres hacerlo o hasta de que no hay otra opción posible, pero sigues estando encima del barro.
Alguna vez he deseado desear algo que no deseaba. Pero, no lo deseaba. O no sentir algo que sentía. Pero lo sentía. Lo sé porque por más que trataba de negármelo, contármelo bonito, adornármelo con guirnaldas o de felicitarme por mi encaje contranatura, bastaban apenas unos minutos de silencio de la mente, para que el sentimiento del vacío de lo absurdo me recordara que no estaba en mi naturaleza ni desear lo uno, ni no sentir lo otro.
Claro, no siempre he sido tan coherente con lo que deseaba. He andado sobre el fango.
Recuerdo escuchar el chasquido de las botas tratando de escapar de la cárcel de la tierra mojada que no deja avanzar y se propone firmemente echar raíces en el agua corrompida. O ver entre los surcos pantanosos el hueco de un corazón estirpado.
He tomado toda una estación distraídamente, mirándome los pies, con el único objetivo de no resbalar, perdiendo cualquier tipo de seguridad, esperanza o ilusión en continuar el camino. Sólo atenta a que cada paso no me condujera a terminar doblegando las rodillas en la tierra.
También he cerrado los ojos para no ver más allá o he mirado exclusivamente el metro cuadrado por el que iban tratando de deslizarse mis pies a cada paso, transformando el viaje en un acto de alienación que acapara totalmente mi mirada. Con la vista corta. Perdida la perspectiva. Perdida la orientación y el rumbo. Perdida la pasión y el deseo por el viaje.
Después de un tiempo, el recorrido es mucho peor. Cuanto más ando sobre el barro, más fango voy acumulando, más cansada y descentrada estoy, más me pesan los pies, más difícil es seguir avanzando.
Oigo voces a mi alrededor, pero no miro, es demasiado importante centrarme en no perder el equilibrio.
El sonido de las botas cuando tratan de despegarse. La sensación resbaladiza de las islas vegetales que ha dado tiempo a crecer en el agua estancada, los charcos... Solo cuando los pies me pesan tanto que me he quedado inmobilizada y solo entonces, dejo de mirar hacia abajo.
Ya no es útil pensar cómo he llegado hasta aquí, por qué mancha el barro o cuál es el motivo por el que no salté fuera mientras me encontraba en la orilla.
Estoy cansada del arduo camino de la armada invencible. Regresan una y otra vez mis naves derrotadas. No de luchar contra los enemigos, si no contra los elementos naturales. Ahora es obligado elevar la mirada. Buscar con los ojos un camino firme.
Fijo mi vista en la copa de un árbol, a la entrada del bosque. En las ramas más altas un pájaro de infinitos colores canta. Lo hace con esa emoción que desprenden solo después de que ha pasado una tormenta. Como una ceremonia de resurgimiento de la vida.
Avisto en la cercanía un camino firme debajo del árbol y algo se despierta en mi interior. Como si lo reconociera nada más verlo. No es un camino nuevo. Siempre ha estado. Soy yo quien lo había olvidado.
Me quedo de pie pensando, inexplicablemente, si deberia salir del barrizal. Y siento una extraña tristeza por abandonar el suelo resbaladizo que después de tanto tiempo se había convertido en un elemento conocido. Una especie de apego emocional inaudito, paradójico, amargo. Sin embargo, ahora mis ojos han abandonado el espacio limitado bajo mis pies.
Miro alternativamente al barro y a la vereda seca y comienzo a dudar. Recuerdo el canto del pájaro. El bienestar después de que la parte más dura de la tormenta ya ha pasado. Y añoro los recuerdos de las emociones que me embargaban cuando andaba sobre una senda segura.Y el río en el que fluian las aguas limpias de las emociones que no se estancan. O la mirada de un animal legitimamente triste, pero justo y hermoso.
Me asedia la extrañeza y el alivio cuando saco el primer pie tímidamente y después pienso en que bifurcación del pasaje olvidé quien era. ¿Cómo desaprendí todo lo aprendido?. ¿Cuándo?.
En el instante que siento de nuevo tierra firme bajo mis pies, me embarga una felicidad ya experimentada hace muchos años. Sonrío con una placidez genuina, intuitiva, como el recuerdo de algo que era evidente y que se convierte en presagio. Como si llevara en el camino toda la vida. Como si nunca lo hubiera abandonado.
Solo me turba la idea de volver a olvidar lo sentido, lo aprendido y encontrarme de nuevo algún día en medio del barro.
No tengo la certeza de no volver a adentrarte en él, nadie la tiene y eso me inquieta. Sin embargo, en este momento tengo otra certeza mayor que me reconforta; aún mantengo la capacidad de rebelarme ante propios y extraños.
Me sacudo. Ya no me pesan tanto los pies. Sigo caminando, lobo estepario...

domingo, agosto 26, 2018

EL BAILE



A veces la vida es como esta canción descubierta por casualidad, al azar. Es serendipia. La melodía despierta inesperadamente esperanza, sensualidad y movimiento, hambre por la vida, pero con cierto sabor agridulce, porque no te gusta la voz que la canta. Ni siquiera querrías escuchar alguna de las cosas que te quieren contar con la letra. Entonces, solo puedes tratar de,  siguiendo la cadencia del tema, fluir y cantarla como anhelaras que fuera.

Camino hacia el metro por el barrio, con los auriculares puestos mientras la escucho. Ha caído la noche. Hay gente fuera de sus casas, sentada en las aceras, conversando. Me recuerda alguna noche en La Habana Vieja. Las casas son tan pequeñas, que con el calor es imposible permanecer dentro más tiempo del imprescindible. Te crías en la calle.  No es muy diferente del barrio en que me encuentro ahora. Familias numerosas de sangre o improvisadas compartiendo 30 metros cuadrados.
Una de las casas tiene las ventanas abiertas, distingo dentro, colgada en la pared agrietada, una orla universitaria. El esfuerzo diario realizado por gente humilde, mientras a otras las universidades públicas se lo regalaban. El tiempo empleado para terminar colocada acumulando polvo en un lugar sin posibilidades. Como nos engañan a diario o dejamos que nos engañen sin hacer nada. Cuantas esperanza en el progreso de la humanidad, tal y como nos contaron,  truncada.

Mientras espero en el andén del metro, un chico con el pelo a lo afro aprovecha la corriente generada por la entrada del tren para saltar y mover sus cabellos mientras aulla con una felicidad genuina. Me hace sonreír. Mucho. Y contagiarme de la vitalidad juvenil que siempre mantiene la vida. A pesar de todo. A pesar de nosotras/os mismas/as. No puedo entender a quienes ven amenazas en la belleza de la diversidad humana. Que egocentrismo pensar que somos tan distintos.

Cuando me siento en el vagón, observo a una chica y un chico muy jóvenes situados frente a mí. Se desean, aunque no quieren hacerse ver el uno al otro cuanto, sin embargo cuando se miran a los ojos,  se desdibuja el tamiz de la racionalidad y no se puede negar la evidencia. Vuelvo a sonreír. Al principio, pienso en las tonterías propias de la adolescencia. Luego, sonrío una vez más hasta casi llegar a la risa pensando, que tampoco es menor la estupidez de las personas adultas en estos asuntos. Nuestras inseguridades, nuestros miedos, nuestros traumas.  Cuando me levanto, desde mi foro interior, les deseo buena suerte y que no crezcan ocultando lo que sienten. Una vida sencilla sin tanto teatro.  Parece que amar y ser sensibles es una debilidad, un síntoma de dependencia insoportable o un  delito en la sociedad en la que tratamos de desenvolvernos.

Vuelvo a la calle. Vuelvo a poner la canción. Hay un ambiente muy agradable típico de las noches de verano en las que refresca. La luna llena ilumina con su luz mística las calles más oscuras. Se despierta una brisa encantadora que lo remueve todo.  Como una tregua, como un alivio. La sensación del calor sofocante se ha desvanecido repentinamente. Me suelto el pelo para dejar que el aire penetre en él, no como un consuelo, sino como un placer espontaneo. Respiro hondo mientras recuerdo a mi amiga Sara llamándome pelo de fuego y me rio. Abro los brazos y giro sin importarme si parezco una loca de la vida. Al fin y al cabo hace meses que la heroína ha tomado el barrio de nuevo, como en los 80. Drogas para los/as pobres sin esperanza. Sin ánimo de rebelión. Instalados en el conformismo o la falta de esperanza.

Somos bailarinas/es y deseamos que suene la música para ser tomadas y tomar en nuestros brazos a nuestra pareja y bailar. Pero para hacerlo, primero hemos tenido que aprender a mantener el equilibrio sobre nuestro propio eje, para compartir el baile sin invadir,  para desarrollar la armonía de la melodía sin pisar, pero sin alejarnos tanto que se convierta en un solo en lugar de un lento.

Cuando crees que la coreografía va a llegar a su climax, se acaba la batería del móvil y la música se apaga. Te abandonan los brazos de tu pareja y quedan tus manos vacías. Entonces en la soledad del desconcierto debes seguir rotando sobre tu eje. Esperar que alguna vez se produzca el milagro en el que la música vuelva a sonar. Y disfrutar de ese triunfo sobre el silencio políticamente correcto. Porque amar bien a la gente, a nosotras/os mismas/os, a la vida, a las cosas, a un hombre o una mujer en particular revoluciona y es revolucionario.

viernes, agosto 24, 2018

DEL ASOMBRO NACE LA IRA Y LA GRATITUD

“La esperanza es el sueño de los despiertos". Aristóteles. 

Un/a héroe/heroína no es solo la que participa de hechos excepcionales o épicos. Un héroe o una heroína es aquella que cuando todo está perdido resiste cinco minutos más. A veces lucha y otras aprieta los puños y resiste.

NACE LA IRA 

Ayer fui a firmar el contrato del nuevo piso. Después de una odisea, en la que mejor no entrar a detallar, he encontrado una casita superchula en Vallecas.

Supongo que debería estar contenta y no digo que no lo esté en el fondo. Pero en honor a la verdad debo decir, que fui a la firma del contrato con una sensación inmensa de derrota. Ya estamos con el puñetero incoformismo. ¿Por qué?. Porque pagar la mitad de tu sueldo por un espacio que ni siquiera será nunca tuyo es una abuso y una indignidad de este sistema en el que vivimos.

Por si el precio fuera poco, cuando me enviaron el contrato por adelantado, no salía de mi asombro mientras lo leía. La sensación de desprotección de la ley de alquiler en este país es brutal. Tuve la ensoñación mientras lo leía que si por cualquier motivo un día hubiera no un impago, si no algún tipo de problema con la recepción del recibo, me iban a denunciar, a hacer pagar todos los costes del devolución, del proceso de denuncia y hasta que me iban a esperar unos matones en la puerta de casa para darme una paliza.

La ley protege principalmente a quien tiene la propiedad. No a la parte más vulnerable que es quien no posee propiedades y por eso alquila. Como casi todo en este mundo capitalista.

Siempre nos asiste el derecho a pataleta, como cuando le devolví el correo al comercial en el que me informaba que ahora, a la comisión que se llevan las agencias, un mes, se añadía también el IVA. Pero si la mensualidad del mes ya lleva el IVA, un IVA sobre la mensualidad que ya contiene el impuesto qué significa… No, no me lo digan.

Cuando me dirigía a la sede de la inmobiliaria caminaba por la avenida América. Pensé lo que debería costar un inmueble en esa zona y quien lo pagaba. Continuaba la sensación de derrota.

Decían los griegos que el conocimiento es la base de la tristeza. Dejémoslo estar, me dije a mi misma cuando traspase las puertas de las oficinas. Cuando entré me fijé que todas las personas que trabajaban allí no debía sobrepasar los 25 años. Ya me imaginaba lo que les pagarían. Déjalo estar.

Me llevaron a una sala típica de reunión y me dejaron a solas con el contrato, supongo que para que saboreara las mieles del éxito. Mientras esperaba la vuelta del comercial vi que en la cristalera, justo detrás de mí, estaba serigrafeado el siguiente mensaje: "Sé el cambio que quieres ver en el mundo". Gandhi.

Sí, vosotros/as también habéis leído bien, esa frase de Gandhi estaba en la inmobiliaria.

- Que desfachatez usar así a Gandhi, pensé.

Galeano tenía razón cuando escribió el mundo al revés. Como le ha dado la vuelta el capitalismo al lenguaje, a los símbolos. Los vacía de contenido y hasta los utiliza en su interés. Se me aguaron los ojos de la rabia contenida.

Gandhi, no sé si se hubiera sentido violento en esta situación, pero a mí a veces me abandonan los deseos de resistencia pasiva y hasta de pacifismo. En esos momentos, pienso que tengo un hijo y llámenme sensible, pero le he cogido cariño al muchachito. Me he acostumbrado a su sonrisa, a sus besos, a su inocencia esperanzadora, a sus palabras tiernas, a todo lo que me enseña y me hace sentir y claro, quisiera verlo crecer…pero también quisiera que tuviera un futuro digno.

Por fin entró el comercial. Una criatura que tendría como mucho unos 22 años.

- ¿Alguna pregunta?

 - Déjalo estar tía.

- Venga vale vamos a dejarlo. Sí yo estoy bien. Estoy bien…
 ……
- Mmm. Pues mira sí tengo unas preguntas. Cosas que no entiendo muy bien.

 - Dígame.

- Deja al chico que no tiene la culpa. Solo es un trabajador.

 - Sí es verdad, solo es un trabajador, que trabaja en contra de su clase social, arrastrado por algo que es superior a él. Pero lo hace.

 - Es un pobre hombre.

 - Es lumpem.

Una vez se desatan las preguntas sarcásticas en la habitación, el pobre muchacho me mira completamente desconcertado y trata de aparentar naturalidad en sus respuestas. Yo sigo pensando en la frase de Gandhi. A mi espalda. Tiene un carácter muy afable y una falta de experiencia manifiesta en este tipo de situaciones. Aunque se da cuenta de lo que está pasando, no sabe muy bien cómo manejar la situación. Yo me esperaba en un puesto como este a una persona mucho más buitre, sin duda, pero al final llego a la conclusión de que ya no les hacen falta ejecutivos agresivos que traten ni siquiera de manipularte. Les basta un chico veinteañero al que pagan cuatro euros. Estamos completamente desarmadas y lo saben.

Cuando termina mi pataleta, me invita a subir a otro despacho para presentarme al propietario. Es un hombre con aspecto de trabajador, que vive en un barrio de Vallecas. Parece buena persona. Es una buena persona, trabajadora, que ahora explota a otras personas trabajadoras, alquilando un piso, del que ya ha pagado la hipoteca, a precio de gentrificación. Porque, no va a ser él, el más tonto que no se aprovecha de los precios del mercado. Llegado a este punto, a veces me parece estar escuchando a la bruja Avería gritando: ¡Viva el mal, viva el capital!

Durante la conversación el propietario me dice si tengo alguna pregunta. Al comercial se le petrifica la sonrisa y me mira de reojo con cara de susto esperando mi reacción.

- Va. Joder. Déjalo por hoy. …..

- No. No tengo ninguna, gracias. Si acaso, te llamo al móvil. ….

 -Eh. Has visto. Puedo callarme. Puedo hacerlo.

Me levanto para irme. El propietario se queda un rato más con el comercial. Esa sensación extraña de que quienes tienen el poder confabulan contra ti.

Estoy en la puerta a punto de irme. Cuando el dueño de la casa me dice:

 - El edificio, el barrio, todo es muy tranquilo.

Bueno, ha habido un problema con una casa en el portal de al lado que la han ocupado. Tú que trabajas en una ONG qué opinas de la ocupación.

Hala, ya la hemos liado…

NACE LA GRATITUD

De las situaciones adversas y de los cambios vitales traumáticos, también nace el asombro al ver la generosidad, la solidaridad y el cariño de las personas con las que compartes diferentes espacios de tu vida. Incluso de quienes no te lo esperas en absoluto. Y de ese asombro ante la bondad inesperada, la gratitud. Me siento profundamente agradecida a las personas que habéis compartido conmigo los primeros momentos de angustia vital, cuando no aparecía ningún alquiler en Vallecas y yo pensaba en mi hijo. En su bienestar, en la custodia… A quienes no habéis dudado arriesgaros, ofreciendo vuestro aval si fuera necesario, a Gabriela Beni Cracco, a Iman Boujnani , a mi comadre Yolanda Fernandez Cano, a mis hermanos, a Lara Rodriguez Sanchez, Carlos Alberto Sánchez Piedra, Santiago Algora, Susana Fernández García, Laura Rosales, Susana Albarrán, Gloria González Sahagún a la Red de Feministas Autónomas. A Beatriz… agradecida por ese momento emotivo, en el que conociéndome como me conoce me metió las llaves de su casa en el bolso y antes de que me diera tiempo a replicar, soltó: y punto.

En esta sociedad que ha creado el neoliberalismo salvaje somos más vulnerables de lo que pensamos. No importa el tiempo que hayas trabajado, el que te hayas dedicado a estudiar. Seguimos siendo frágiles y hay una gran fortaleza en ese reconocimiento. Pero lo somos un poco menos y nos convertimos en más humanos cuando nos apoyamos solidariamente. Que no se nos olvide nunca.

En Vallecas tenéis vuestra casa...

domingo, agosto 05, 2018

LA RESTAURACIÓN BORBÓNICA, EL TURNISMO EN EL PODER Y LA VIOLENCIA HORIZONTAL

Yo era joven y lozana cuando ya escuchaba aquella frase “conocer la historia para que no se repita”. También era joven cuando iba a la EGB y asistía con gran interés a las clases de geografía e historia. Entendía como una responsabilidad individual y colectiva que no se repitieran los mismos errores una y otra vez.
Recuerdo una clase en concreto, como si fuera ayer, en la que aquella profesora magnífica, doña María Jesús, nos explicó la restauración borbónica y el turnismo pactado en el poder, de los partidos de Cánovas del Castillo y Sagasta. Lo curioso de estudiar la historia, cuando eres joven, es que no entiendes como los contemporáneos a la época son capaces de soportar tamaños abusos y hasta aliarse contra sus propios intereses, con sus enemigos de clase. Esto, sin no poca perplejidad, lo entiendes después. Llámenme picajosa, pero yo recuerdo la clase de restauración borbónica y alternancia de los partidos liberal y conservador y no veo muchas diferencias con la situación actual española. Somos nuestra idiosincrasia histórica.
También recuerdo, ya entrados los 80, la clase sobre la guerra civil española. No nos la dio doña María Jesús. Curiosamente lo hizo la Directora del colegio. Parece que teníamos una rebelde en las filas del claustro de un colegio privado, ahora concertado, en el que el párroco del pueblo venía a darnos clases de religión y de paso decirnos a las chicas que debíamos ser limpias pero no curiosas. A él le hacía mucha gracia este juego de palabras, que seguramente debía considerar muy ingenioso. Para incondicionales de la justicia, diré, que viendo que la justicia celestial no le paraba los pies, se conformó un comando terrenal que le largó más de un canutillazo de arroz, por estas y otras lindezas.
Pero volviendo a la clase de historia sobre la guerra civil. Tampoco es que tuviera mayor importancia, porque mientras el episodio de la II Guerra Mundial duró una semana, la de la guerra civil española no superó una hora. Las conclusiones de la clase no fueron otras que; existencia de dos bandos y pérdida de la guerra del bando republicano por su desorganización y disensiones. No se permitieron preguntas en la sesión.
Me tomó un tiempo comprender, porqué se hablaba de dos bandos en la guerra civil española y en casos idénticos como las dictaduras latinoamericanas hablamos de golpes militares o en los casos de Alemania e Italia hablamos de nacismo y fascismo. De este modo, vemos a la Fundación Francisco Franco con espacios televisivos insultando la dignidad de las personas demócratas y decentes en general, de este país, como si fuera algo absolutamente normal. Esto no sucede porque sí, nos da una pista de quienes se encuentran ocupando los cargos de peso en las instituciones judiciales, ejecutivas y legislativas. Que a día de hoy no se diferencian mucho de quienes ocupan los de los consejos administrativos de los grandes poderes económicos y financieros.
Hace unos días mi hijo me preguntaba qué pasaría si un avión cae en el mar. Mientras yo trataba de explicarle que las personas, dentro de nuestra humanidad, inventamos mecanismos de socorro y apoyo mutuo, como los equipos de rescate o salvamento marítimo, me ha venido la idea de los barcos de ongs que se encuentran en el Mediterráneo. Las guardias costeras de Libia e Italia no les avisan cuando hay personas inmigrantes en riesgo de muerte y hasta tratan de sabotear su trabajo. Miles de personas mueren porque no nos importan sus vidas. Con tal de que no pisen nuestra tierra, hasta la muerte nos parece una opción. Porque la ultraderecha nos ha convencido de que son una amenaza. En su empeño por tapar que la corrupción de los poderes económicos en connivencia con los políticos, son quienes nos roban a manos llenas las arcas públicas, nuestro trabajo, nuestra vida, nuestra dignidad.

A mi me ha dado vergüenza pensar que si mi hijo supiera esto, qué le podría yo explicar sobre la humanidad. También me ha producido tristeza pensar, que algún día lo sabrá.
Todas esas personas que pasaron por la clase de restauración borbónica y turnismo en el poder, pero que la clase no pasó por ellas/os. A quienes no se preguntan porque las dictaduras en latinoamerica son golpes de estado militares y en España lucha entre dos bandos. A esas personas que hacen videos y apología diaria del racismo y la aporofobia. Que no piensan que los/as inmigrantes nos pagan las pensiones. Que son seres humanos que proceden de países donde hemos explotado sus recursos y hemos provocado guerras para controlarlos. Que no piensan que cuando los poderes económicos, con sus tentáculos sobre el poder político y los medios de comunicación, son quienes dictan que todos/as tengamos o no ayudas sociales cuando nos encontramos en situación vulnerable, que tengamos o no unas condiciones de vida dignas: trabajo, sueldo, prestaciones económicas, vivienda, etc Son los responsables, porque son los que nos roban ahora e históricamente. Hay recursos para todas/os, pero ellos quieren el monopolio de la riqueza. El 90% de la riqueza se encuentra en manos de un 10% y no son inmigrantes, ni lo han ganado por ser emprendedores. Lo han obtenido robándonos o explotándonos.
Cuando salen a la luz escándalos de las dimensiones del expolio de recursos públicos al nivel que hemos visto en el PP y en la monarquía de los Borbones, sacamos el fascismo, la xenofobia y la bandera de España a pasear. Así la gente no piensa en quienes nos están robando las posibilidades de vivir una vida digna. Dense cuenta de la urgencia de Pablo Casado, cuya carrera y máster son obtenidos por medios corruptos, de hablar sobre una falsa invasión migratoria. Los/as inmigrantes mantienen en la actualidad el sistema de pensiones español, la derecha lo ha expoliado a millones, para su disfrute personal. ¿Quién es aquí el enemigo de los intereses de las españolas/es de a pie?.
Cuando nació mi hijo yo le escribí en su libro de vida aquella poesía de Goytisolo “Palabras para Julia”. A un hijo no se le puede decir más. A una persona con un mínimo de humanismo, tampoco. “Tú dignidad es la de todos”, recitaba el poeta. Porque cuando nos da igual y hasta nos parece bien que una persona se ahogue en el Mediterráneo, que sufra un calvario de violencia tratando de llegar a Europa o cuando confundimos a quienes nos roban con nuestros salvadores, hemos perdido nuestra dignidad. Hemos dejado de ser humanos/as para convertirnos en lo que los poderes económicos han deseado siempre: siervos/as.

lunes, julio 30, 2018

COGÉRSELA CON GUANTES

Me niego a ponerme un guante de plástico para coger la fruta en la tienda. ¿Pero en qué momento y a quién se le ocurrió la brillante idea de que es poco higiénico?. ¿De dónde ha salido este pijismo absurdo, sin criterio, ni sentido? Quiero decir, vas a un bar y le metes el morro a un vaso que han utilizado cientos de seres humanos y para coger una fruta tienes que liarte a gastar plástico y generar más contaminación. ¿Qué se supone que tiene la mano de otro ser, que no tenga su boca y no se pueda quitar con un poquito de agua del grifo?.


Porque claro, que no te toquen la fruta con la mano, que no es higiénico. Aunque luego no te comes ni la cascara, pero da igual, no es higiénico. Eso sí, después hínchate a glifosato con la fruta y sobre todo las verduras callaíto, callaíta. Ahí ya mezclar veneno con comida, no pasa nada.
− Perdone señora se tiene que poner los guantes para coger la fruta.
− Pero si estoy cogiendo un melón. Nadie se come la cáscara.
− Es la norma. Para todo igual.
− Pero las normas tienen que tener una lógica. Luego cobráis las bolsas para disuadir a que no se utilice tanto el plástico.
− Ya...pero hay que ponérselos.
− Anda toma que me llevo el melón.
− ¿Quiere una bolsa?.
− Pero, ¿la vas a tocar con las manos?.
Silencio. 
− Es una broma hombre. No, gracias. Traigo una.

sábado, julio 28, 2018

¿QUIÉN ES EL JUEZ MANUEL PIÑAR?

Juana Rivas ha sido condenada a cinco años de cárcel, seis años de inhabilitación para ejercer la patria potestad de sus hijos, pagará una indemnización de 30.000 euros al maltratador, y se hará cargo de todas las costas del juicio. Maltratar ya no sale gratis, ahora te pagan por ello.
Más allá de la indignación por la propia sentencia, la argumentación que exponen los magistrados en casos como este, o como el de la manada, y que roza el ensañamiento con la parte más vulnerable, nos lleva a pensar en quiénes están detrás de esas sentencias.
No me voy a desgastar hoy diciendo que este elemento es uno de esos herederos del poder franquista atado y bien atado, o un misógino, un facha o un enfermo sin diagnosticar. Tampoco voy a entrar en el debate de qué es esto que llaman justicia o democracia. Acabaría en el monte o en un banquillo por la ley mordaza. Todavía sin derogar, por cierto.
Pero juzguen ustedes. El Juez Manuel Piñar, magistrado de Granada, tiene en su haber sentencias como las siguientes:
• 2018. Juana Rivas. Cinco años de cárcel, seis años de inhabilitación para ejercer la patria potestad de sus hijos, indemnización de 30.000 euros al maltratado. Pago de costas. Argumentación: “Los hechos muestran que ella decide separarse en el verano de 2016 y por sí misma o porque alguien que le asesora, se percata que hay un escollo importante con la guarda y custodia de los dos niños y para obtenerla a su favor, decide explotar el argumento del maltrato”.
• 2012. Huelga general. Condena a tres años de presión a un estudiante de medicina y una parada por su participación en un piquete informativo.
• 2011. Arremete contra la Fiscalía General del Estado por su excesivo celo en la aplicación de la violencia de género. “Se está llegando a quitar la dignidad a determinados varones que son denunciados y sometidos a tediosos y rigurosos procedimientos, que con frecuencia comprenden detención y escarnio público, lo que no hace sino alimentar la violencia”.
• 2008. Absuelve a un conductor que conducía ebrio. Según su opinión: “ en los controles de tráfico se vulnera el principio de igualdad de quienes consumen alcohol, frente a quienes consumen otras drogas. Multitud de drogadictos pueden inundar nuestras vías con la seguridad de no ser detectados”
• 1999. Rebaja de la indemnización solicitada por una mujer, a consecuencia de un accidente de tráfico, porque: “la cicatriz producida sólo se ve en situaciones íntimas y cuando la mujer viste traje de baño. Además la secuela podría ser incluso un elemento de atracción física”.
Hace apenas unos meses veíamos muy indignados al CGPJ y a sus señorías manifestándose, no por la dignidad de la justicia y en contra de quienes la ofenden, si no en contra de que la ciudadanía pudiera opinar sobre su función, que es pública y sintieran que se les removía el sillón, recordándoles al servicio de quienes deberían estar.
Como diría Fernando Fernán Gómez. ¡Váyanse ustedes a la mierda!. ¡A la mierda!.

lunes, julio 23, 2018

EL BRILLO EN LOS OJOS Y LAS PEPITAS DE SANDIA

Yo quería mucho a mi abuela Presentación, pero a mi abuela Casilda la admiraba.
De pequeña, al caer la tarde, veía a Presenta en la habitación que mi madre había acomodado para ella en casa, rezando a oscuras con su rosario hecho de pepitas de sandia. Cerraba los ojos en la penumbra y sus dedos iban deslizándose por las cuentas mientras su voz recitaba, como quien susurra un mantra. Su cara se teñía entonces de una angustia que quería salir, pero que necesitaba ser negada.
Mi abuela paterna, sin embargo, era una mujer de sonrisa infinita. De su sonrisa tenue y sus gestos armónicos emanaba una profunda calma que no es posible describir, ni imaginar, excepto para quien viven en paz consigo mismo y con los demás. Además, Casilda poseía un don extraordinario. Cuando le deseaba un bien a alguien sus ojos comenzaban a hablarle en un lenguaje mudo que traspasaba el mundo de las palabras y lo arrastraba a ser feliz.
A veces las veía juntas hablando o trabajando y las observaba absorta, inmensamente intrigada. No podía concebir como unas mujeres tan dispares, que habían representado a dos bandos encontrados, pudieran llevarse tan bien, tener tanta complicidad y quererse tanto. Me fascinaba escuchar sus conversaciones y ver como la resignación católica de mi abuela materna, se veía siempre envuelta por el empuje genuino de Casilda. Sin estridencias, con elegancia.
De Casilda era el sorprendente logro de conseguir algo que nadie pensaba que pudiera ser posible;hacer reír a mi abuela materna. A pesar de su edad, Presenta, al reírse, parecía una niña tímida que hacía una travesura que no estaba permitida. Se reía con la boca apretada, como conteniendo la felicidad, como si le estuviera vetada. Una vez incluso le vi negar con la cabeza, haciendo un gesto de rendición absoluta y entregarse a las carcajadas.
Cuando crecí descubrí, que de joven la abuela, había sido violada por el marido de su hermana mayor. Se quedó embarazada y al morir su hermana, le obligaron a casarse con el hombre que había abusado de ella. 
Esa no fue su única carga. El pueblo y la familia la culpabilizarón del abuso y de quedarse embarazada. Incluso su padre dejó de hablarla hasta que accedió a casarse. La versión oficial fue que se casaba con el viudo para cuidar a los hijos que ésta dejaba. Fue entonces cuando sus dedos comenzaron a arrastrarse por el rosario de una a otra pepita, como un mantra.
Casilda era capaz de otras proezas. No solo de hacer reír a una persona para la que la vida no merecía la pena ser contada. Cuando yo la miraba me resultaba increíble pensar que esa mujer de la sonrisa amable, que me llamaba prenda con un dulce acento granadino hubiera sido la protagonista de uno de los poco capítulos del alzamiento que se contaban dentro de la familia. Mi padre rompió el tabú el día que contó que la abuela, había participado en la defensa del pueblo cuando los fascistas tomaron posición para avanzar. No disponer de más armas que las propias herramientas de aventar el grano o segar el trigo, no le parecieron suficiente razón para no tomar partido en la contienda. Por lo demás, poco sabemos de lo que pasó aquel día, excepto que la capturaron y se la llevaron junto a otras mujeres para cortarles el pelo como escarnio. O que cuenta la leyenda, que aquella mujer con la serenidad de la que hizo gala durante toda su vida, salió de la fila y gritó que para cortarle el pelo había que fusilarla antes y que no había cojones allí ni para una cosa, ni para la otra. Aun no se explica nadie que una foto tomada tiempo después testificara, que efectivamente no hubo reaños. Y que amaneció al otro día con su precioso pelo largo encrespado y castaño.
La verdad, a mi me parecía un misterio que una mujer aparentemente tan afable, fuera capaz de aquello y solo se me ocurría pensar que la malafollá y la “guantá“sin mano, también eran indiscutiblemente patrimonio de “Graná“. Así lo entendí la noche en casa de mis abuelos, en la que mi padre me echó una bronca descomunal. Me sentí tan avergonzada, que en aquella ocasión no me dio por replicar. Una vez cesaron las voces, mi abuela se acercó con su inacabable sonrisa y me dijo amablemente:
-Vente fuera que quiero hablar contigo.
Al salir de la cueva, la vi esperándome sonriente, sentada en el poyete que había bajo la ventana de su habitación, junto a los geranios de colores que tanto cuidaba. Miré al horizonte y respiré hondo antes de sentarme. La luna llena brillaba de una forma extraordinaria sobre el pinar, por encima de las parras, desafiando a los farolillos en los portales de las cuevas.
Era una noche de verano tan hermosa que abrumaba y me costó traer de vuelta a la mente al lugar donde me encontraba.
- El año que viene ya no voy a estar aquí, así que quiero decirte algo.
- ¡Abuela, pero si tú estás bien! No te pasa nada.
- El año que viene ya no voy a estar prenda. – insistió ella sin ningún tipo de dramatismo y sin perder la sonrisa.
Prosiguió
- Nunca te avergüences de nada que hayas hecho. Si te has equivocado recapacita, discúlpate con quien te hayas llevado por delante y enmiéndate…
En ese momento la vi dejar de sonreír por primera vez en todos los años que la conocí. Su vista se giró hacia mí. Sus ojos se clavaron en los míos. Su tono se volvió grave.
- … pero si crees que has hecho bien y que tienes razón; no te calles, no recules y defiéndete con dignidad así sea tu padre el que tienes delante, tu marido o la guardia civil.
Al año siguiente no pude ir a visitarla. Ya no estaba. Era una mujer de palabra. Decía mi abuela Presenta que la conocía bien, que cuando las mujeres y los trabajadores conquistaban un derecho o cuando no podían usurpárselo después de haberlo logrado, la sonrisa de Casilda se encendía y sus ojos brillaban como la luna llena en una noche de verano, sobre el pinar de las cuevas de la estación de Guadix.