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viernes, agosto 24, 2018

DEL ASOMBRO NACE LA IRA Y LA GRATITUD

“La esperanza es el sueño de los despiertos". Aristóteles. 

Un/a héroe/heroína no es solo la que participa de hechos excepcionales o épicos. Un héroe o una heroína es aquella que cuando todo está perdido resiste cinco minutos más. A veces lucha y otras aprieta los puños y resiste.

NACE LA IRA 

Ayer fui a firmar el contrato del nuevo piso. Después de una odisea, en la que mejor no entrar a detallar, he encontrado una casita superchula en Vallecas.

Supongo que debería estar contenta y no digo que no lo esté en el fondo. Pero en honor a la verdad debo decir, que fui a la firma del contrato con una sensación inmensa de derrota. Ya estamos con el puñetero incoformismo. ¿Por qué?. Porque pagar la mitad de tu sueldo por un espacio que ni siquiera será nunca tuyo es una abuso y una indignidad de este sistema en el que vivimos.

Por si el precio fuera poco, cuando me enviaron el contrato por adelantado, no salía de mi asombro mientras lo leía. La sensación de desprotección de la ley de alquiler en este país es brutal. Tuve la ensoñación mientras lo leía que si por cualquier motivo un día hubiera no un impago, si no algún tipo de problema con la recepción del recibo, me iban a denunciar, a hacer pagar todos los costes del devolución, del proceso de denuncia y hasta que me iban a esperar unos matones en la puerta de casa para darme una paliza.

La ley protege principalmente a quien tiene la propiedad. No a la parte más vulnerable que es quien no posee propiedades y por eso alquila. Como casi todo en este mundo capitalista.

Siempre nos asiste el derecho a pataleta, como cuando le devolví el correo al comercial en el que me informaba que ahora, a la comisión que se llevan las agencias, un mes, se añadía también el IVA. Pero si la mensualidad del mes ya lleva el IVA, un IVA sobre la mensualidad que ya contiene el impuesto qué significa… No, no me lo digan.

Cuando me dirigía a la sede de la inmobiliaria caminaba por la avenida América. Pensé lo que debería costar un inmueble en esa zona y quien lo pagaba. Continuaba la sensación de derrota.

Decían los griegos que el conocimiento es la base de la tristeza. Dejémoslo estar, me dije a mi misma cuando traspase las puertas de las oficinas. Cuando entré me fijé que todas las personas que trabajaban allí no debía sobrepasar los 25 años. Ya me imaginaba lo que les pagarían. Déjalo estar.

Me llevaron a una sala típica de reunión y me dejaron a solas con el contrato, supongo que para que saboreara las mieles del éxito. Mientras esperaba la vuelta del comercial vi que en la cristalera, justo detrás de mí, estaba serigrafeado el siguiente mensaje: "Sé el cambio que quieres ver en el mundo". Gandhi.

Sí, vosotros/as también habéis leído bien, esa frase de Gandhi estaba en la inmobiliaria.

- Que desfachatez usar así a Gandhi, pensé.

Galeano tenía razón cuando escribió el mundo al revés. Como le ha dado la vuelta el capitalismo al lenguaje, a los símbolos. Los vacía de contenido y hasta los utiliza en su interés. Se me aguaron los ojos de la rabia contenida.

Gandhi, no sé si se hubiera sentido violento en esta situación, pero a mí a veces me abandonan los deseos de resistencia pasiva y hasta de pacifismo. En esos momentos, pienso que tengo un hijo y llámenme sensible, pero le he cogido cariño al muchachito. Me he acostumbrado a su sonrisa, a sus besos, a su inocencia esperanzadora, a sus palabras tiernas, a todo lo que me enseña y me hace sentir y claro, quisiera verlo crecer…pero también quisiera que tuviera un futuro digno.

Por fin entró el comercial. Una criatura que tendría como mucho unos 22 años.

- ¿Alguna pregunta?

 - Déjalo estar tía.

- Venga vale vamos a dejarlo. Sí yo estoy bien. Estoy bien…
 ……
- Mmm. Pues mira sí tengo unas preguntas. Cosas que no entiendo muy bien.

 - Dígame.

- Deja al chico que no tiene la culpa. Solo es un trabajador.

 - Sí es verdad, solo es un trabajador, que trabaja en contra de su clase social, arrastrado por algo que es superior a él. Pero lo hace.

 - Es un pobre hombre.

 - Es lumpem.

Una vez se desatan las preguntas sarcásticas en la habitación, el pobre muchacho me mira completamente desconcertado y trata de aparentar naturalidad en sus respuestas. Yo sigo pensando en la frase de Gandhi. A mi espalda. Tiene un carácter muy afable y una falta de experiencia manifiesta en este tipo de situaciones. Aunque se da cuenta de lo que está pasando, no sabe muy bien cómo manejar la situación. Yo me esperaba en un puesto como este a una persona mucho más buitre, sin duda, pero al final llego a la conclusión de que ya no les hacen falta ejecutivos agresivos que traten ni siquiera de manipularte. Les basta un chico veinteañero al que pagan cuatro euros. Estamos completamente desarmadas y lo saben.

Cuando termina mi pataleta, me invita a subir a otro despacho para presentarme al propietario. Es un hombre con aspecto de trabajador, que vive en un barrio de Vallecas. Parece buena persona. Es una buena persona, trabajadora, que ahora explota a otras personas trabajadoras, alquilando un piso, del que ya ha pagado la hipoteca, a precio de gentrificación. Porque, no va a ser él, el más tonto que no se aprovecha de los precios del mercado. Llegado a este punto, a veces me parece estar escuchando a la bruja Avería gritando: ¡Viva el mal, viva el capital!

Durante la conversación el propietario me dice si tengo alguna pregunta. Al comercial se le petrifica la sonrisa y me mira de reojo con cara de susto esperando mi reacción.

- Va. Joder. Déjalo por hoy. …..

- No. No tengo ninguna, gracias. Si acaso, te llamo al móvil. ….

 -Eh. Has visto. Puedo callarme. Puedo hacerlo.

Me levanto para irme. El propietario se queda un rato más con el comercial. Esa sensación extraña de que quienes tienen el poder confabulan contra ti.

Estoy en la puerta a punto de irme. Cuando el dueño de la casa me dice:

 - El edificio, el barrio, todo es muy tranquilo.

Bueno, ha habido un problema con una casa en el portal de al lado que la han ocupado. Tú que trabajas en una ONG qué opinas de la ocupación.

Hala, ya la hemos liado…

NACE LA GRATITUD

De las situaciones adversas y de los cambios vitales traumáticos, también nace el asombro al ver la generosidad, la solidaridad y el cariño de las personas con las que compartes diferentes espacios de tu vida. Incluso de quienes no te lo esperas en absoluto. Y de ese asombro ante la bondad inesperada, la gratitud. Me siento profundamente agradecida a las personas que habéis compartido conmigo los primeros momentos de angustia vital, cuando no aparecía ningún alquiler en Vallecas y yo pensaba en mi hijo. En su bienestar, en la custodia… A quienes no habéis dudado arriesgaros, ofreciendo vuestro aval si fuera necesario, a Gabriela Beni Cracco, a Iman Boujnani , a mi comadre Yolanda Fernandez Cano, a mis hermanos, a Lara Rodriguez Sanchez, Carlos Alberto Sánchez Piedra, Santiago Algora, Susana Fernández García, Laura Rosales, Susana Albarrán, Gloria González Sahagún a la Red de Feministas Autónomas. A Beatriz… agradecida por ese momento emotivo, en el que conociéndome como me conoce me metió las llaves de su casa en el bolso y antes de que me diera tiempo a replicar, soltó: y punto.

En esta sociedad que ha creado el neoliberalismo salvaje somos más vulnerables de lo que pensamos. No importa el tiempo que hayas trabajado, el que te hayas dedicado a estudiar. Seguimos siendo frágiles y hay una gran fortaleza en ese reconocimiento. Pero lo somos un poco menos y nos convertimos en más humanos cuando nos apoyamos solidariamente. Que no se nos olvide nunca.

En Vallecas tenéis vuestra casa...

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