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jueves, septiembre 11, 2008

A VECES UNA CORRE Y NO LE PERSIGUE NADIE

El PSOE dice que para el 2009 habrá una ley de plazas para el aborto, IU que van a aprobar la misma ley que se propuso desde sus filas en la legislatura pasada, el PP inaugura el hospital Puerta de Hierro con una ceremonia religiosa en pleno siglo XXI y yo corro aunque no me persiga nadie. Vamos ninguna novedad en el frente.



Cuando un celebre y controvertido actor español, cuya identidad no vamos a desvelar para no desatar la polémica, decidió probar sus dotes en el séptimo arte, se trasladó hasta Madrid.

No es desconocido para nadie, por el sin fin de historias contadas al respecto por sus protagonistas, las peripecias por las que tienen que pasar quienes una vez dieron paso a la aventura de alcanzar a la Diosa fortuna.

Retomando el hilo de la trama, el muchacho, un joven sin oficio ni beneficio entonces, llegó a Madrid. Esta pobre criatura pasó un largo periodo sin más ingresos que algunos ahorros que traía . Pronto descubrió como su capacidad adquisitiva iba mermando hasta encontrarse en una situación más que precaria y agradeciendo a Dios y a España que no le hubieran aplicado ya la ley de vagos y maleantes o similares. Corrían los años 60-70.

Contaba el desdichado sujeto que un día preso de la más atroz de las hambres y sin una pesetilla que llevar al mostrador de cualquier bar para que le dieran algo que llevarse a la boca, estudio un plan infalible para llenarse la panza sin tener que realizar contraprestación alguna por ello. Más que nada porque no había con que.

Durante todo el día estuvo vigilando varios establecimientos de la Capital madrileña, hasta que por fin, dio con el adecuado; un bar en una zona periférica que cuando pedías tabaco el camarero tenía que introducirse en la cocina del local. Ideal. Con alevosía y nocturnidad, así esperó a perpetrar su fechoría una vez caída la noche y abandonado el lugar por la clientela.

Buenas noches, debió espetar con ansia al camarero: me pone unos huevos con patatas y lomo acompañado de vino, por favor. Era tarde y el camarero le miró con recelo. ¿A dónde iba a meter ese hombre semejante cantidad de comida a esas horas?. Bueno, ya se sabe que el cliente siempre tiene la razón. Marchando una de huevos con patatas y unos lomitos con vino.

Imagínense el disfrute de aquel hombre que tenía más hambre que los pavos de la tía Juana. Porque que mala es el hambre... Dice el dicho que después de la tempestad llega la calma, pero aquí como había mucha calma lo que estaba por llegar era la tempestad.

Había llegado el momento de la huida, todo parecía perfecto: ninguna persona dentro del bar, solos el camarero y él. Por favor me trae un paquete de tabaco. El camarero parecía mirarle con ojos de "sé lo que pretendes" y esto puso nervioso a nuestro protagonista que intentó esbozar una sonrisa de tranquilidad. Silencio. De pronto, el hombre que regentaba el establecimiento dirigió sus pasos, como era previsible hacia la cocina. "Ahora", pensó él: a correrrrrrrr.

Precipitadamente salió hacia la calle, cuando vio por el rabillo del ojo que el camarero salía a buscarle y echó a correr, así pasaba una calle y otra, cruzando temerariamente. No podía pararse a mirar para atrás, pero sin duda ese objeto blanco que el podía divisar de reojo cada vez que sobrepasaba una acera más, era la camisa del camarero que le quería decir dos o tres cosas al oído. Repentinamente se dio cuenta de que no podía más; tenía el estómago lleno y no practicaba el atletismo habitualmente. Ahí mismo se paró resignadamente esperando a recibir cuanto el camarero le quisiera dar, no sin antes expulsar de su cuerpo hasta la primera papilla que su madre le dio tiempo ha. Cuando terminaron las convulsiones, ´cayó en la cuenta de que no se había acercado el citado muchachote del bar. Miró a la derecha, miró a la izquierda, miró delante, miró detrás. Ni rastro en toda la calle ni alrededores oiga.

Hace unos días recibí un correo de una organización, que no voy a nombrar para no herir la sensibilidad de nadie. Me quedé horrorizada cuando vi que en el logo de otra de las organizaciones que le acompañaban en la emisión del correo y notificación, se veía perfilada la bola del mundo con un puntito que debía marcar la ubicación de mi casa. Cielos, vienen a por mi pensé yo. Al cabo de los segundos respiré aliviada cuando me di cuenta que aquel puntito que situaba mi casa en el globo terráqueo era una motita de polvo en la pantalla.

Moraleja: A veces corremos y no nos persigue nadie. Tengamoslo en cuenta.

1 comentario:

Expediente X dijo...

El PSOE como siempre intentando ganar votos y dando luego por detrás, IU también como siempre adelantándose y pagando las consecuencias, y el PP pues como siempre también a su bola. Uff, me voy corriendo, no sin antes dejarte un abrazo, que creo que me persiguen y no se quien, a saber, un Expediente X, je, je.