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domingo, mayo 04, 2008

UNA HISTORIA PARA CONTAR.

Una noche después de una actividad estábamos tomando unas copas con una de las ponentes, cuando nos contó una historia que parecía digna de un melodrama con contenido social y en la que dejaba patente que en un momento de su vida lo personal llegó a ser político hasta sus últimas consecuencias.
Ella es una mujer madura, comprometida desde hace años social y políticamente, con las ideas tan claras sobre cualquier cosa y expresadas con gran seguridad pero sin rastro de prepotencia. Su seguridad, su capacidad de retorica, esa mirada franca con la que sino convence al menos impresiona, siempre me ha parecido emanar de una sinceridad que brota de la comprensión que conjuntamente le han dado la experiencia, entrelazada con una profunda capacidad de reflexión objetiva de las situaciones. Por eso, cuando te pones delante de ella impresiona.

Aunque sé que no le importaría que contara la historia por ella, vamos a obviar su identidad por respeto a las terceras personas que forman parte de ella y que la protagonista siempre quiso mantener en el anonimato.

La historia se sitúa en los años anteriores y posteriores a la transición a la democracia, no vamos a decir de que país para no dar más pistas, cuando nuestra heroína, una joven ya comprometida con la izquierda de su país, se casa. Comparten ella y su marido inquietudes y militancia política. Así pasan sus horas y sus días como pareja, compartiendo sueños de un futuro en el que en su país se acabará la represión y podrán presentarse a unas elecciones, que seguro su partido ganará. A partir de ahí se iniciará una nueva etapa, que digo etapa, una nueva era dentro de las libertades ciudadanas, donde sin duda las mujeres obtendrán los derechos que siempre les han sido negados.

Los años han ido pasando, con actividades y visitas clandestinas, tanto de ella, como de su marido. Todas parecen transcurrir dentro de la normalidad que exige una situación de estas características; la discreción, el hermetismo, cuando ella empieza a advertir que durante algunas de las visitas que recibe su marido, éste cierra el despacho con llave. La intuición y la lógica, según van siendo más asiduas estas visitas, se van imponiendo, hasta que un día, con ese aplomo que le caracteriza se sienta delante de su marido y le dice: ¿tienes relaciones sexuales con los hombres con los que te encierras en el despacho?. Preguntar a un hombre, que además es su marido en aquella época y de manera abierta si era homosexual. Imagínense todo lo que dijo aquel hombre, incluyendo por su puesto el clásico: ¿te has vuelto loca?.

A pesar de la gravedad de las sospechas, bien sabemos lo rápido que la cotideaneidad es capaz de engullir a las personas y arrastrarnos días, y meses sin que, salvo en escasos instantes que duran apenas unos minutos, nos hayamos dado apenas cuenta.

Un día estaba sentada en un bar, sin su marido, con un miembro de las juventudes de su partido, asiduo a las visitas a su casa y al despacho y le dijo: no te preocupes que ya sé lo tuyo y lo de mi marido y lo comprendo. Entiendo que la homosexualidad en la sociedad en que vivimos a la gente le da miedo reconocerla abiertamente.El joven se quedó estupefacto y le contestó: ¿ya lo sabías?. No, no lo sabía hasta este momento que me lo has confirmado tú. No le hables nunca a mi marido de la conversación que acabamos de tener. Se fue a casa, hizo las maletas, recogió sus cosas, se sentó en el salón y esperó a que él llegara. Cuando le vio entrar por la puerta se levantó, ando la distancia que los separaba, le dio un beso y le dijo: te quiero pero me tengo que ir, no me preguntes por qué. Agarró las maletas, el coche que había aparcado en la puerta le esperaba. Cuando se subió en él, fue la última vez que su marido o aquel barrio de la capital la volvieron a ver. Podría haber tomado represarias y haber aireado la orientación sexual de su marido, hubiera sido un escándalo en la sociedad, en la familia y hasta en el partido, que a pesar de ser de izquierdas no aceptaba entonces esta situación. Años después ella seguía en su compromiso político y social dentro del movimiento feminista, pero además, dedicada desde entonces desde todos los cargos que obtuvo en que a las personas homosexuales se les reconocieran sus derechos. Para que ninguna mujer tuviera que ser engañada, ni ningún hombre tuviera que vivir en una mentira por temor o viceversa. Valiente que es.

2 comentarios:

Jesus Gabriel dijo...

Tentado estoy a hacer la pregunta.Pero no.

Anónimo dijo...

Como te hiciste de rogar