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sábado, agosto 05, 2006

LAS CUOTAS Y LA DEMAGOGIA. NO ME QUIERAS TANTO HOMBRE, QUIEREME MEJOR

Hace unos días el periódico La Razón publicaba una editorial en la que aprovechando unas palabras de Ana Patricia Botín, en la que declaraba su opinión contraria a la utilización de cuotas de participación de mujeres en las empresas, ponía solución a tan importante problema social como es la desigualdad de participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida.

Bajo la bonita demagogia de “anteponer el mérito al sexo”, la editorial de este periódico, da la brillante solución que ni años, ni estudios de numerosas personas en la materia, nacionales o internacionales, habrían logrado acertar a concluir. Para La Razón y Ana Botín lo mejor para que las mujeres podamos participar de la dirección de una empresa es que se mejore nuestra formación, se den más oportunidades en el empleo o que se establezcan medidas de conciliación de la vida familiar. Toda una fórmula mágica que al parecer nunca se habrían planteando las instituciones políticas y sociales de este país si no fuera por estas sorprendentes declaraciones.

Si quizás, cualquiera de ámbos (La Razón o Ana Botín) hubiera tenido en su mente la más mínima inquietud sobre el camino para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres, estarían en condiciones de darse cuenta que las generaciones de mujeres españolas que han tenido posibilidad de estudiar, según los estudios sociológicos, están, en general, mejor preparadas que sus compañeros. Luego éste, no parece ser el problema. Que se den más oportunidades al empleo o que se favorezca la conciliación de la vida familiar, puede ayudar a entrar a la mujer al mercado laboral, pero en ningún caso a ocupar puestos de dirección, ni siquiera a ser admitidas en profesiones tradicionalmente ocupadas por hombres. Existe un claro tapón a que las mujeres ocupen cargos de dirección a pesar de su disponibilidad, formación y profesionalidad: es un tapón cultural. Decía en una entrevista el Ministro Sueco para la democracia, asuntos urbanos, integración e igualdad de género sobre las cuotas “En principio pensamos que el equilibrio entre géneros debería ser responsabilidad de las empresas, y que el Estado no debería intervenir, pero si ellos no hacen nada, nosotros debemos reaccionar. No estamos especialmente orgullosos de las cuotas, pero tampoco queremos que los hombres sigan seleccionando hombres y por tanto apliquen así sus cuotas”. En efecto todo el mundo hemos pensado alguna vez lo maravilloso o simplemente justo y razonable que sería que se antepusiera el mérito al sexo, pero en la realidad sabemos que esto no funciona así, que hay detrás una losa cultural que impide que a muchas mujeres se las llegue siquiera a considerar por sus méritos, especialmente en ciertos sectores profesionales. Y así vemos a mujeres brillantes que no son promocionadas en sus empresas a pesar de su profesionalidad y formación y que en su lugar se promocionan a personas que entre sus “méritos”cuenta con el imprescindible de ser hombre. A veces, no somos capaces de aceptar la verosimilitud de estas realidades en nuestro país, hasta que no suceden en nuestro entorno más directo.

Dicen los detractores/as de la imposición de cuotas(en este caso La Razón y Ana Botín), además, que se preocupan mucho por las mujeres, porque con la imposición de las cuotas surgirá la sospecha de que estén en las Juntas o Consejos Directivos no por méritos propios sino por imperativo legal. A estas personas les decimos que no sufran, que las mujeres preferimos tener la posibilidad de estando preparadas asumir responsabilidades directivas y demostrar en la práctica nuestra capacidad, que ser muy capaces y no entrar nunca en las directivas de las empresas para poder demostrarlo. Que no sufran, que nosotras podremos soportarlo, al fin y al cabo quien hiciera este tipo de comentarios sería el mismo que por su propia voluntad no promocionaría nunca a una mujer, o el mismo que hace comentarios groseros por cualquier tipo de circunstancia. El propio sistema, como es lógico, hará que se elijan a las mejores mujeres y a los mejores hombres cada uno en su cuota.

El establecimiento de cuotas no es sin duda lo ideal, pero dentro de dos realidades imperfectas: aplicarlas o no con sus consecuentes resultados, preferimos caminar hacia la igualdad aunque no sea por el camino perfecto ni el ideal por el que nos gustaría transitar para llegar. Las organizaciones progresistas hace tiempo que llegaron a la inteligente conclusión que la discriminación positiva es necesaria para llegar a la igualdad, porque tras la bonita frase “que cada cual consiga lo que merezca en plena igualdad”, descansa en que andar un mismo camino, en las mismas condiciones y con los mismos medios por una persona libre de cargas y por otra que de entrada va cargada NO es igualitario. Y ante esto si se quiere la igualdad hay que actuar.

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